jueves, 1 de junio de 2017

Columna San Cadilla Norte | 01-06-2017



Nuestro futbol

La rivalidad entre Tigres y Rayados en la cancha, en los triunfos, en las derrotas, en las estrellas, en los Clásicos y en los goles, parece haber pasado a segundo plano en esta Ciudad.

Espero ser lo más claro posible, lo más directo y jamás, nunca de los nuncas, generalizar en este tema.

Antes, la discusión y la rivalidad entre las aficiones era ver quién ganaba más y, en décadas más atrás, cuando ambos eran mediocres, ver ya de perdido quién perdía menos o quién ganaba el Clásico. En eso se basaba la rivalidad entre ambas partes.

Hoy, desgraciadamente, ya no es así. Hoy -muchos lo dicen y los hechos lo constatan- eso ya pasó de moda.

Hoy la moda es ver cómo los fanáticos acumulan el mayor número de evidencias, de memes, de burlas, de fotos y de agresiones para demeritar al rival, al que odian, al que maldicen y al que quieren ver perder siempre.

Memear no es lo malo. Sino vivir para memear a un solo equipo. Los RT de memes hasta es divertido, que quede claro.

"¡Aguante La Pandillaaa, a la merga la UUU!", reza un grito del fanático que no se satisface solamente con amar a su equipo, sino que tiene la enfermiza necesidad de incluir el odio al otro, porque si no, no se siente tan seguidor de sus colores.

Esta frase es del fanático Rayado, pero igual, y hasta a veces peor aún, la oyes del enfermo felino. Dejémoslo en "igual" para ser parejos.

"Esto es para analizarlo por horas y horas, pero no es el momento. Ese ejemplo de apoyar al tuyo y al mismo tiempo insultar al otro es una prueba inequívoca de que apoyas a tu equipo al mismo nivel que odias al otro. El 'enfermo', como les llamas, no se satisface con amar al suyo, sino que requiere de odiar y desear la muerte del otro.

"Llega tal momento en tu vida de aficionado que no te satisface ver ganar a tu equipo. Tigres puede jugar a las 5 de la tarde y ganar 7-0 de visitante, pero para el enfermo del que hablamos no le sabrá a lo mismo si el Monterrey gana de 7 a 9 por 1-0, incluso.

"Ahí llega el sentimiento de odio. '¿Por qué no se me dio una noche perfecta?', se preguntará el Tigre, y su felicidad ya no es completa... ¡porque ganó Rayados!".

Palabras de Mario Quijanes, sociólogo radicado aquí en Monterrey, pero de origen español que, como buen ibérico, gusta del futbol y entiende las masas y la rivalidad en este ambiente.

Jamás diría que se apoye al rival. No confundamos. Nunca digo que se apoye al otro, no, pero de quienes hablo caen en el extremo de primero ver perder al que odio antes de ver ganar al mío.

Al aficionado enfermo, al fanático que se ve sobre todo en Twitter, no le importa llevarse entre las patas del caballo a quien sea con tal de desacreditar, sobajar y exhibir al rival.

Su deseo es que Tigres o Rayados (el rival del aficionado fanático) se vea afectado, que no sobresalga, que no se hable todo bien, aunque el equipo esté de maravilla.

Un caso se dio previo a la Final de ida. Todo en Tigres era perfecto, no había, insisto, hasta antes de la ida ante Chivas, nada qué recriminarle.

La mente del enfermo no podía aceptar que eso estuviera sucediendo e hizo una composición de fotos de una novia de un jugador para decir que antes era de otro.

Ésa, créanme, fue su única manera de desahogarse, de dejar salir de su cuerpo ese odio al rival, porque son incapaces de ver el gozo del otro. No, eso es inadmisible en su ser.

Se llevaron entre las patas a una mujer, la quemaron, "pero qué importa eso, lo importante era joder al otro".

El miedo

¿Existe el miedo en este tema? Sí, claro, sin duda.

Uno es el miedo a que pierda tu equipo. Imagínense, perder la Final es algo muy desagradable para un aficionado del equipo que la dispute, porque tendrá que esperar 6 meses a veeer si vuelve a llegar a una.

Pero ése, señoras y señores, parece que ya no es el mayor de los temores, de los miedos ni de las frustraciones.

Ahora existe otro más fuerte en esta Ciudad, sí, que ha superado al de la simple derrota: es el miedo a la carrilla, a la burla, a los memes, a lo que te espera con el rival futbolero.

Cuando Pandi perdió la Final de aquel 29 de mayo del 2016, ante Pachuca se vino una avalancha de burlas, de memes, de risas, de insultos de parte de la afición Tigre.

"Créeme que me dolió tanto perderla, pero también mucho lo que ya veía venir. Ya no quería ni entrar a Face o Twitter. Es más, ni al Whats con amigos Tigres. Odiosos y castrantes. Se nos dejaron ir a la yugular".

Cuando un amigo Rayado me dijo eso como 15 días después de aquella Final, sabía que un día iba a utilizar esa conversación, pues la afición felina se comportó como la más carrilla y castrante, válgame la repetición del adjetivo calificativo, pero así la percibí.

Y sucedió igual hace unos días. Una amiga felina me lo dijo clarito, como si hubiera sabido que un Rayado, hacía un año, había tocado el tema.

"Vamos 2-2 y mi miedo no es tanto que nos gane Chivas allá. Lo que me va a doler es la burla. Es como cuando sabes que llegarás a tu casa y alguien te va a regañar. No quiero perder, pero mucho por eso de las burlas de los Rayados".

Esto, señores, se ha convertido en una guerra, en una enfermedad que desune, que no suma y sí resta, y todo por los colores a un equipo.

Se han deshecho amistades por discusiones de futbol, por enfermos que anteponen a su equipo frente a las personas, y cuando eso sucede comienzas a preguntarte si vale la pena tener ese chip desviado que no te deja ser una persona normal.

(Si tras leer esto sientes la necesidad de insultarme por lo escrito, querrá decir que te sientes aludido. Ten cuidado).

Los mismos

Otro punto que vemos y que no notabas en tiempos pasados, es el reconocer.

Hace una semana, cuando André-Pierre Christian Gignac anotó los dos goles que volvían a Tigres a la Final, dos Rayados en Whats pusieron que el francés era un jugadorazo, un crack y todo lo que le sigue.

"¡Cómo dices eso. Un Rayado no puede decir eso, cómo vas a andar aceptando que ese wey es un crack. Eso no es de un Rayado verdadero!".

Aunque no lo crean, hay quienes hasta ese grado llevan su odio, su creencia de que si lo aceptas... "es que no soy Rayado o Tigre", según sea el caso. Ambos son iguales.

Ayer comenzó a circular una foto cuando José González Ornelas festejaba el ascenso de Tigres. Eso fue hoy hace 20 años. El 1 de junio de 1997.

Las críticas se le dejaron ir. "¡Era Tigre, vean, festejó!", "¡Fuera Ornelas!". ¿Así o más fanatismo?

Sí, no son diálogos de una película de locos o de asesinos, es una realidad de gente que cree que porque lo pone en Twitter los van a escuchar en el Club.

¿Sabrán que ni los pelan?, ¿sabrán que ni los leen?, y si los llegan a leer, ¿sabrán que echarán sus comentarios al bote de la basura?

Por suerte el señor González Ornelas seguirá, pues es quien está al frente del equipo. Por suerte el club no les hace caso.

Volviendo al tema, métanse a ver las "bio" en las cuentas. Antes de poner incluso si son heterosexuales, homosexuales, bisexuales o transgéneros, antes de eso anteponen con un orgullo enfermizo: "AntiRayado" o "AntiTigre", sin saber que eso los ubica en un casillero inalcanzable, muy lejos para la gente con cerebro sano.

Y créanme, eso se ve cada vez más en las mujeres. Conozco algunas que mejor habría que ponerles su distancia.

El virus

Sí, por suerte la mayoría aún puede convivir. Se han de preguntar: "Si es la minoría de quienes hablas, ¿entonces por qué tocas el tema?".

Porque esa minoría comienza a reproducirse por el invento más importante para la comunicación masiva e inmediata, pero tal parece que es el más dañino. Me refiero al Twitter.

No escribo esto para evangelizar ni proponer un cambio, no lo hago por eso, pues el que es enfermo difícilmente se curará (Voltaire).

Mi intención es que quien no esté contagiado, piense dos veces si quiere vivir con esa angustia cada fin de semana, de saber que si pierde el tuyo recibirás carrilla, burlas e insultos, ya que si tú lo haces, seguramente te lo harán.

No me pegarán las críticas de quienes padecen este mal, pues esto va dirigido a quienes aún no lo tienen y desean disfrutar del futbol como antes.

El fanático va a despotricar, como cuando alguien habla de erradicar las drogas y el consumidor protesta. Así, quien levante la voz en contra de esto, es porque el virus ya está muy dentro de su ser.

Son mayoría quienes aún quieren a su equipo sin odiar al otro (eso los del virus no lo entienden, no lo comprenden. Ellos creen que se ama si sólo si odias también al otro).

Ojalá que los fanáticos que han venido a cambiar para mal este ambiente futbolero que se vive en la Ciudad se estacionen en cantidad, que no se reproduzcan más, porque sé que cuando adquieres ese virus, difícilmente éste sale de tu cuerpo.


"Cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro, la enfermedad es casi incurable".

François-Marie Arouet, mejor conocido como Voltaire.

Escritor, historiador y filósofo francés.

1694-1778.

Mail: sancadilla@elnorte.com
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