martes, 25 de julio de 2017

De lágrimas a sonrisas



Recién firmó un contrato millonario con Tigres, millonario-millonario.

Antes de venir jugó en Inglaterra y se adjudicó millones de dólares y en el 2014 también tuvo su dinero con Pachuca.

...Y pensar que el actual millonario unos años atrás venía de una pobreza aguda, extrema, de salir de su pueblo sin dinero para comer y tener que dormir en unos cuartos del viejo estadio del Emelec, pues no había para más, y su único consuelo eran las lágrimas que derramaba por las noches.

La nueva figura de los Tigres, Enner Valencia, hoy está recogiendo los frutos de los difíciles momentos que pasó de niño en su natal Ecuador.

Desde no tener qué comer y de vivir en el antiguo Estadio George Capwell, cancha del club que lo lanzó a la fama, y todo por cumplir el sueño de ser futbolista. Valencia sabe muy bien lo que es venir desde abajo.

Nació en San Lorenzo, provincia de Esmeraldas, Ecuador, una zona costera en la frontera con Colombia. Enner creció en un barrio en donde la gente combate la pobreza extrema pescando para llevar comida a sus hogares.

¿Que si muchos futbolistas vienen de barrio?, sí, así es, pero pocos tal vez de una pobreza como la que vivió Valencia cuando era un niño.

Desde infante tuvo que trabajar para ayudar. Alguna vez él mismo contó que ordeñó vacas y tenía que ayudarle a su padre a repartir la leche, para así sacar unas monedas.

Enner comenzó a jugar futbol descalzo en la arena sobre la orilla del mar, lo que de acuerdo a viejos sabios del futbol, eso va educando mejor el pie y el futbolista se convierte en un jugador con mejor pegada al balón.

Ahí lo descubrió Pedro Pablo Perlaza, futbolista ecuatoriano del Emelec en los 70, y quien se dedica desde hace más de 20 años a formar jugadores para llegar al máximo circuito, como Antonio Valencia, jugador del Manchester United.

Perlaza vio cualidades en Enner y lo llevó a una prueba a Emelec en el 2009, en donde Jesús Cárdenas lo aprobó y fue subido al primer equipo.

Cualquiera pensaría que en ese momento acabarían las penurias para el goleador, pero no.

El sueldo que le ofrecían en el Emelec era bajo, casi nulo. No tenía dinero él y se quedaba a dormir en unos cuartos del estadio.

"Era tanto el calor y había mosquitos, que a veces me tenía que salir a la cancha en la madrugada, pues ahí estaba más fresco", relató hace tiempo Valencia en una entrevista televisiva, en la que reconoció que en esa época lloraba por las noches.

Ahí vivió con guardias del estadio y comía de vez en cuando, porque la coordinadora deportiva del club ecuatoriano daba de comer a una hora fija y la prioridad de Enner era entrenar, por lo que el mismo futbolista de los Tigres reveló hace años que había días que no comía.

Pero en el 2010, el hoy técnico de la Selección Argentina, Jorge Sampaoli, en ese entonces entrenador de Emelec, le vio cualidades y lo debutó en una Copa Libertadores contra Newells Old Boys, siendo ahí que nació una nueva figura ecuatoriana.

Hasta la fecha, Enner recuerda como su padre futbolístico a Sampaoli, porque aseguró que le forjó un carácter fuerte y a no darse por vencido. Su primer sueldo como jugador del Emelec fue de 300 dólares por mes.

A México llegó al Pachuca y fue campeón de goleo, partió a Inglaterra y una lesión le quitó la continuidad deseada, y hoy en Tigres Valencia parece haber encontrado el mejor sitio para brillar, pues de vencer la pobreza hoy es uno de los jugadores más cotizados del futbol mexicano.

Viene de un barrio muy pobre, ordeñó vacas y repartió leche, luego llegó a vivir en los cuartos de un estadio porque no tenía para rentar ni comer... y hoy está convertido en el millonario goleador a seguir del equipo felino.
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