miércoles, 30 de agosto de 2017

Columna San Cadilla Reforma | 30-08-2017



Adiós cordura

Si algo ha caracterizado al español Paco Jémez desde que llegó a la Liga MX es, digamos, su capacidad para crisparse ante la más mínima provocación, y si no me creen, pregúntenle al señor Ángel Monroy, quien fungió como cuarto silbante en el juego de la Jornada 7 ante Rayados.

Me contaron que el sábado pasado en el Estadio Azul, el señor Jémez se puso más o menos del color de su equipo cuando le marcaron el penal en contra que segundos más tarde le atajó Chuy Corona a Dorlan Pabon.

Jémez, indignado por la marcación, evitó que su banca se comiera vivo a Monroy, para después él mismo ajusticiarse al cuarto árbitro con una regañada marca "llorarás".

Pero el tiro no terminó ahí, porque cuando San Chuy Corona detuvo el penal, el pelado de Jémez fue a festejarle la atajada en las narices a Monroy, quien en lugar de avisarle al central para expulsar al entrenador español, prefirió "acusarlo" con el preparador físico de Cruz Azul, quien tras escuchar al árbitro se quedó con "cara de what?".

Evidentemente, Paquito se dio cuenta del error que tuvo y pues el resto del partido se lo llevó tranquilo, algo que estoy casi seguro que agradeció infinitamente el señor Monroy.

El balazo en el pie

Este fin de semana, Javier Torrente dio una clase de cómo perder un trabajo en sólo 15 minutos.

Como ustedes ya sabrán, el entrenador argentino dejó de ser el responsable del León el sábado pasado, y aunque muchos apuntan a malos resultados, un pajarito me dijo que Torrente cayó casi sin darse cuenta en una trampa mortal.

Resulta que mientras el entonces técnico de los esmeraldas daba su conferencia de prensa después de que su equipo perdió en casa 2-1 ante Santos, un aficionado se acercó por la zona a gritar barbaridad y media.

Torrente ni se inmutaba, o eso parecía, hasta que alguien de la prensa le preguntó sobre la molestia de los aficionados por el mal paso en el Apertura del equipo, a lo que el argentino contestó sin ningún arrepentimiento que la opinión de los seguidores de La Fiera no le importaba.

Me cuentan que cuando los directivos del León escucharon esta declaración, luego luego pegaron el grito, y acto seguido metieron al estratega al "cuartito" para informarle que en ese momento dejaba de ser técnico de los Panzas Verdes.

Pero parece que el problema no terminará ahí, porque dicen que hay varios jugadores de La Fiera que secundan al entrenador y están hartos de la afición leonesa, y como no es tan fácil echar a un futbolista como sí lo es a un entrenador, yo sólo puedo esperar que el Nou Camp tenga aún más desencuentros por vivir en las próximas semanas si la nave no se endereza a la voz de ya.

Mail: san.cadilla@reforma.com
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