domingo, 8 de octubre de 2017

Columna San Cadilla Mural | 08-10-2017



El título que Pardo no recuerda

Imagine por un momento que usted es un jugador de Primera División, que sale campeón con su equipo, que es el capitán y que es parte de una plantilla que le ha dado un título al club luego de 13 largos y tormentosos años.

¿Ya lo hizo? De acuerdo. Ahora, piense que en la Final de Vuelta contra el Necaxa, allá por el Verano 2002, usted es clave en el esquema del técnico Manual Lapuente, que casi todos los balones pasan por sus pies, pero que un golpe en la cabeza lo cambia todo...

De repente, una pelota peleada con Luis Roberto Alves Zague, termina en un fuerte golpe que no le deja pensar más, que le paraliza las ideas, las piernas y hasta los recuerdos inmediatos. Esto le sucedió a Pavel Pardo (26 de julio de 1976, Guadalajara, Jalisco).

Durante el campeonato que logró el América, en 2002, al pelear una pelota aérea Pardo, recibió un golpe de manera accidental de su compañero Duilio Davino, el cual lo dejó sin pensar. La Final fue distinta para él. La película que él vio es muy diferente a la de sus compañeros.

VALIENTE

A pesar de que estaba completamente fuera de sí tras el fuerte choque, Pardo siguió en la cancha, pero no era el mismo. Davino se daba cuenta que los pases de trámite que normalmente hacía, los fallaba y que sus recorridos eran hasta torpes.

Lo sorprendente es que nadie dijo nada. Se terminó el primer tiempo y de manera increíble el tapatío no se desmoronó a media cancha, no sabía ni dónde estaba, pero por inercia y una convicción borrosa quiso seguir en el terreno de juego.

Camino a los vestidores para el descanso del medio tiempo, los túneles le parecieron como una entrada a un lugar desconocido. Un pasadizo oscuro con algunas luces modernas que no brindaban una explicación clara para saber qué estaba sucediendo.

NO SÉ DÓNDE ESTOY

En la charla técnica del descanso. Lapuente se preocupó, y no sólo porque uno de sus mejores hombres estaba en problemas, sino porque se daba cuenta que Pardo no estaba bien.

Comenzaron entonces las preguntas ¿sabes dónde estamos? ... sí, tres puntos suspensivos porque no sabía dónde estaba sentado. Ansiedad tremenda. Soledad en medio de todos sus compañeros.

¡Pardo no supo contestar que estaban jugando una Final! Tenían que sacarlo de la cancha.

El segundo tiempo estuvo en la banca. Sólo él sabe los ecos que escuchaba, sólo él sabe la película que vio después del golpe con Davino.

Quedaron campeones. Aquello era un jolgorio porque habían pasado 13 años sin que las Águilas lo lograran, pero el contención ni siquiera tenía la capacidad mental para asimilar lo que estaba pensando.

A pesar de todo, levantó el trofeo. En los festejos estuvo, pero a la vez no estuvo. La inercia hizo acto de presencia, pero nada más.

'QUIERO JUGAR'

Según como él mismo lo cuenta, no sabe si a los 3 o 5 días despertó en un hospital. Ahí estaban sus papás, al píe del cañón.

Entonces, le dijo a su papá: ¿crees que me alcance para jugar la Final de Vuelta? Esa que ya se había jugado y en la que había recibido un golpe.

Su papá le explicó que ya eran campeones, incluso le dijo que él había levantado el trofeo y que se pensara en su recuperación. ¡No se acordaba de nada!

Ni del segundo tiempo que vio desde el banquillo, ni de los festejos, ni de cuando sus compañeros lo ayudaron para abandonar el Estadio Azteca.

"Se jugó el segundo tiempo, se fue a tiempo extra y yo seguía en la banca, custodiado por el doctor del América. Salgo y recibo la Copa, pero de eso no me acuerdo. Lo que sí, es que me despierto y estoy en el hospital, ahí duré entre tres y cinco días, estaban mis papás", relató el ex jugador.

"Mi papá me muestra el periódico y me dice que ya éramos campeones. Respondí: '¿cómo?, si no hemos jugado, perdimos 2-0 y falta la vuelta'. Él me contó que ya habíamos jugado, que ganamos el título y yo seguía aferrado que faltaba la vuelta", contó Pardo en una entrevista para el Universal.

PROTOCOLOS

Así, Pardo se convirtió aquel día en un capitán que levantó el trofeo, pero que simplemente no lo recuerda. Lo más sorprendente es cómo siguió jugando, arriesgando su vida, porque el golpazo que había recibido luego de unas horas lo hospitalizó.

En el futbol actual, los protocolos se han intensificado para golpes en la cabeza o situaciones en las que el futbolista está noqueado, pero es una situación que se tiene que llevar al límite, porque los jugadores en su afán de continuar en el terreno de juego, no se dan cuenta de que su misma vida está en peligro.

Por suerte, esta es una historia que tuvo final feliz, aunque Pardo tenga un casete aparte, vive para contarlo.

Mail: san.cadilla@mural.com 
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