lunes, 16 de octubre de 2017

Rebeldes



Por: Mario Castillejos | 16-10-2017

Al Monterrey no le duele nada. No se oxida. No se marea. No sufre.

Y no obstante que en el futbol no todo se explica, no siempre hay respuestas y no todo tiene sentido, en esta edición Rayada, todo se ve perfectamente alineado.

Al equipo de Mohamed se le otorgó la primera visa a los playoffs, producto de las siguientes marcas: 27 puntos ganados de 33 posibles (líder), 181 remates totales (segundo), 111 en contra (líder), +70 en diferencia de tiros (líder), 76 disparos con dirección a gol (segundo), 42 en contra (líder), 25 atajadas del portero (líder), 22 goles marcados (líder), 7 en contra (líder), +15 de diferencia en goles (líder).

¿Hay otra ecuación para mantener a sus seguidores felices, a la prensa tranquila y a los rivales callados?

Dentro de todo lo que se puede resaltar, hay dos características colectivas que los hacen muy diferentes: uno, no hay otro equipo del medio campo a portería rival que recupere la pelota como lo hace el Monterrey. De hecho, Funes Mori ha recuperado 88 balones; Pabon, 60; Hurtado, 107; Sánchez, 169, y Ortiz, 165.

Y dos, es el equipo que menos pases intenta en la Liga y el tercero con menos tiempo de posesión.

La suma de todas estas mediciones nos da una perfecta radiografía de su estilo: la tiene poco, la tira larga, recupera arriba, dispara mucho y le disparan poco.

El Monterrey es un magnífico ejemplo para confirmar que, en el futbol, la ejecución es más importante que la idea.

Y de todos estos tiros, pases a gol y goles, agreguemos que Rayados cuenta con un cerebro de 18 años, incrustado en el corazón del medio campo de nombre Jonathan González.

El chamaco tiene un don hipnótico.

Ser centrocampista es una posición mágica para jugadores mágicos, tipos que se incrustan en la defensa, pero que siempre están pensando en cómo atacar. Maestros para romper contragolpes, ladrones de pases, obstaculizadores quirúrgicos, poseedores del manual de soluciones, son extremadamente precisos con el balón, impecables en técnica y profetas de la siguiente jugada.

Matthaus y Pirlo fueron grandes "5", Xabi Alonso, Touré, Schweinsteiger y Busquets, pero Jonathan, aunque apenas inicia, no se parece a nadie. Es único, es diferente, rompe con los modelos establecidos. ¿No cree usted?

Del otro lado de la Ciudad, los Tigres volvieron a contrastar en nombres con la expresión futbolística. Si Ferretti pretende jugar con dos "9" (Gignac y Valencia), acompañados de un enganche (Vargas), lo menos que deben de hacer es jugar distanciados.

¿Qué hacen Gignac y Valencia tirando centros? El francés pateó a gol una vez, mientras que el ecuatoriano, dos. Y esto con 69 por ciento de posesión.

PD: Si la rebeldía es la virtud original del hombre, los Tigres no lo son y los Rayados sí.

Lo escrito, escrito está.
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