martes, 31 de octubre de 2017

Salvador inesperado



Como un inesperado salvador de la grandeza de un equipo aletargado en el tiempo, Jorge Vergara se convirtió oficialmente en el dueño del Club Guadalajara el 31 de octubre de 2002.

Justo hoy hace 15 años el polémico empresario tapatío tomó el control de la organización, después de que una noche antes convenciera a la Asamblea de Socios de la hoy extinta Asociación Civil de venderle el equipo, la marca e instalaciones.

En ese entonces de 47 años y líder de una empresa de multinivel, logró notoriedad con su propuesta de compra para una organización que nunca antes, desde su fundación, había tenido un dueño.

A los 62 años y con experiencias personales fuertes, en su vida y negocios, Vergara ha optado por alejarse de la escena mediática en torno al equipo.

Ha dejado el protagonismo en su directivo inmediato, José Luis Higuera, y en Matías Almeyda, en lo deportivo, como un acto voluntario de no ejercer presión sobre los futbolistas que antes, con su sola voz, se sentían intimidados.

En 2002, Vergara tomó el control con la bandera de la modernidad y el cambio, lleno de promesas y deseos de poner al equipo en el contexto internacional, con frases aspiracionales más allá de la realidad. Deseaba sacarlo del fondo, las carencias económicas y de vivir del recuerdo de sus glorias.

Han pasado 15 años y en ese periodo las Chivas se han quedado en la orilla, estado cerca del descenso, vivido noches de pena y rechiflas, pero también han tocado la gloria y acariciado el título de la Copa Libertadores.

Con Vergara han conquistado dos campeonatos de Liga, dos de Copa y uno de Supercopa.
Además, el empresario rescató un encono que parecía morir con el América y marcó separación comercial con los azulcremas. Con su estilo picante, provocador y burlesco alimentó una nueva rivalidad con los Pumas, revivió la del Atlas y fabricó odios deportivos con otros equipos, como el Pachuca y los Tigres.

Con osadas decisiones rompió viejos esquemas comerciales de dependencia de la publicidad en el uniforme, revaloró la marca de las Chivas y enfrentó una revolución con Televisa, primero para renovar los derechos de transmisión en una cantidad sin precedentes y luego confrontarla al crear su propio canal de televisión.

El Guadalajara ya no tiene clubes deportivos, pero sí tiene su propio estadio. No ha convertido al equipo en el mejor del mundo, pero sí lo ha posicionado en el panorama internacional.

Aún tiene muchas promesas pendientes por cumplir, pero de que ha dejado su sello en el Rebaño, para bien o para mal, según quien lo vea, es indudable.
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