lunes, 13 de noviembre de 2017

Valores en la vida y en la cancha



Por: Mario Castillejos | 13-11-2017

Semifinal de Copa contra el América, Clásico Regio y partidos de Cuartos de Final.

Qué semanas tan emocionantes se aproximan. Los dos equipos en la cima, con muchas posibilidades de que los siguientes títulos de queden en casa.

También reconozcamos a nuestras pioneras del futbol femenil. A Lydia Nayeli Rangel, Mónica Monsiváis, Lizbeth Ovalle, Pamela Verdirame, Katty Martínez, Dinora Garza, Liliana Mercado, Mine Bernal, Natalia Villarreal, Alexia Frías, Nancy Antonio, Rebeca Bernal y prácticamente a todas, porque al verlas jugar, la incredulidad se transformó en vibrantes emociones.

Estas mexicanas tomaron las riendas de su destino, de sus ideales, de sus gustos y de sus preferencias sin requerir la aprobación de nadie. El éxito de una mujer sólo puede existir para el beneficio de otras mujeres. El futuro sólo pertenece a quienes creen en la belleza de sus sueños. Y el futbol sigue siendo una extraña manera de lograr lo que antes pensábamos era imposible.

También como género, demostraron su valía al acusar de acoso a un entrenador que inmediatamente después presentó su renuncia. Para desgracia de la sociedad, el hecho quedó oficialmente en el anonimato, aunque las agredidas aun tienen el derecho y creo que la responsabilidad de hacerlo público, sin importar que otros, indebidamente les hayan aconsejado lo contrario.

El futbol femenil llegó para quedarse. Mi más sincero respeto y admiración a todas. Sólo nos queda rezar para que la ponzoña qué transita en la liga profesional de hombres jamás las contamine.

Y cuando nuestros equipos en la cancha están históricamente en su máxima expresión, a diferencia de lo que Diego Maradona afirmó, la pelota está a punto de mancharse.

Si los dirigentes Rayados demostraran que sólo los enfundados en la camisa de Tigres son los que se burlan, se emborrachan, provocan y arremeten, les acompañaría toda la razón al veto de "no camisas amarillas". Pero sobra decir que ambas aficiones han caído en los mismos actos, sin gramos de más para alguna de las partes. Y aquí la verdad es muy independiente de las opiniones. ¿O también para los que defienden la medida, la objetividad importa mucho menos?

Partiendo que hay una verdad (ambos reaccionan igual), su medida es una vil acción discriminatoria. Y más cuando es implantada por la rectoría de una de las partes.

¿Por qué en el viejo Estadio Tecnológico si garantizaban la seguridad de todos y en este modernísimo escenario de 280 millones de dólares no?

González Ornelas y Tonatiuh Mejía pretenden que sus datos encajen en nuestros esquemas mentales. Ellos sólo llegaron a la conclusión a la que deseaban llegar, minimizando la importancia del derecho de igualdad, trastornando la escala de valores.

Lo escrito, escrito está.
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